Mientras esperábamos sentados en dos de las butacas del anfiteatro del Liceu el jueves pasado, yo le decía a Luis que seguramente Luz Casal abriría el concierto con “Gracias a la vida”, canción de Violeta de Parra, que tanto significado podría tener para la intérprete gallega en estos momentos de su vida. Pero recordé que ya la había cantado en el inicio de otro concierto del Palau de la Música al que asistí hace ya unos años. Y es verdad, no acerté, porque la artista abrió la velada cantando “Lo eres todo” acompañada solo del piano, bajo el cañón de luz que la iluminaba y la atenta mirada de todo el público que esperábamos expectantes su actuación en ese magnífico escenario. Yo ya había sacado mi pañuelo porque sabía que alguna lagrimilla iba a soltar cuando oyese alguna de sus canciones…
Luz, vestida de rojo, siguió su repertorio con canciones de su último disco “La pasión“ que ella presentó como parte de nuestra historia, de nuestra memoria y, por tanto, de nuestra vida como “Mar y cielo”, “Alma mía”, “Con mil desengaños” y una más conocida, “Historia de una amor”. Las ovaciones se sucedían, a cuál más intensa, y las exclamaciones de “guapa” por parte de sus seguidores interrumpían los discursos y dedicaciones que pronunciaba la cantante. Y Luz no deja de mostrar continuamente su agradecimiento con reiteradas y prolongadas reverencias.







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